Editorial 11

La noche del pasado 20 de octubre reunió a la Orquesta La Pascasia y a su público en la aserción de nuestra idea fija. Celebramos la música anterior a nuestro tiempo que permite prepara un lugar a la del del futuro. En esta ocasión rendimos homenaje a Dámaso Pablo de Jesús Pérez Prado, a casi 70 años del apogeo de su obra. Los asistentes disfrutaron de un alegre concierto, pero los músicos se notaron especialmente felices. Para que este medio sirva al mismo propósito les contaré algo del legado de este compositor.

En los mambos de Pérez Prado, como en la mayoría de las orquestas latinas de la época, se reconocen rasgos del jazz. Es evidente la adaptación a la música latina de los riffs característicos de las big bands norteamericanas. La orquestación concuerda con el mismo modelo. La percusión trata con algo de displicencia la complejidad de los patrones tradicionales y las frases melódicas no se ajustan a la clave. Es decir, rítmica, armónica y melódicamente su obra no produjo ninguna ruptura, no era más osada que la de sus contemporáneos, con quienes, no sobra decir, no tuvo palabras de reconocimiento.

Nunca admitió deudas de estilo con un colega ni dio méritos de su éxito a persona alguna. Espero que esta actitud se deba al vértigo de su éxito y no al contrario. Pero hay que ponderar, sin embargos, la particularidad de su música. Pérez Prado, sin necesidad de incurrir en transgresión alguna, logró un tono muy personal, construyó un mundo propio, creo que esa es, en buena parte, la misión del artista.

No es un dato menor que el revuelo que causara el mambo se cuenta entre las pocas veces en que una música muy buena se hizo tremendamente popular. Hay que recordarlo y celebrarlo como una posibilidad que me resisto a creer que está lejos de repetirse. Fue tal la agitación, que el baile que inaugurara esta nueva música no pasó desapercibido a la iglesia católica y a los intelectuales de la época.

Obviamente los primeros lo censuraban mientras los segundos ponderaban la obra del Rey del Mambo. Alejo Carpentier escribiera al respecto unas líneas tan sosas que harían peor este texto, las obviaré. García Márquez, en cambio, dijo: «Cuando el serio y bien vestido compositor cubano Dámaso Pérez Prado descubrió la manera de ensartar todos los ruidos urbanos en un hilo de saxofón, se dio un golpe de Estado contra la soberanía de los ritmos conocidos». Se cuenta también que Igor Stravinski cruzó un club en los ángeles para darle la mano y decirle: «Vengo a conocer al hombre que me ha desplazado como el músico más importante del siglo». No sabemos con que tono lo habrá dicho, ni siquiera en que idioma, pero es una historia para contar. Gracias por escucharnos.

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Música Corriente

Juan Camilo Orozco Uribe, Músico y Comunicador Social.